¿Es normal que una lesión duela más con el frío?
Pero… ¿realmente el frío hace que una lesión duela más? ¿O es solo una sensación subjetiva? La respuesta es que sí, es bastante habitual, y tiene explicaciones fisiológicas claras.
Si notas que una antigua lesión “despierta” cuando bajan las temperaturas, no estás solo. Es una de las consultas más frecuentes en fisioterapia durante el otoño y el invierno. Rodillas que crujen, tobillos que se sienten rígidos, cervicales más cargadas o esa vieja lesión que parecía olvidada y vuelve a dar señales de vida.
En este artículo te contamos por qué ocurre, qué tipo de lesiones suelen notarlo más y cómo la fisioterapia puede ayudarte a reducir esas molestias.
El frío y el cuerpo, qué cambia realmente
Cuando la temperatura ambiental baja, el cuerpo pone en marcha mecanismos de defensa para conservar el calor. Uno de los principales es la vasoconstricción, es decir, el estrechamiento de los vasos sanguíneos.
Esto provoca:
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Menor riego sanguíneo en músculos y articulaciones.
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Menor aporte de oxígeno y nutrientes.
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Mayor rigidez de los tejidos.
Como consecuencia, las zonas que ya estaban sensibles o dañadas pueden volverse más dolorosas o rígidas.
¿Por qué las lesiones antiguas se “activan” con el frío?
Las lesiones que ya han sufrido cambios estructurales (cicatrices, fibrosis, desgaste articular) suelen adaptarse peor a los cambios de temperatura.
En estos tejidos:
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La elasticidad es menor.
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La capacidad de adaptación al frío está reducida.
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El sistema nervioso es más sensible.
Por eso, una lesión que parecía estable puede dar molestias cuando llega el frío, aunque no haya una nueva lesión.
El papel de la rigidez muscular y articular
El frío hace que los músculos se contraigan de forma refleja. Esto no es un problema en sí mismo, pero en zonas ya sobrecargadas puede aumentar la tensión.
Además:
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Las articulaciones producen menos líquido sinovial con el frío.
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El movimiento inicial suele ser más limitado.
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Aparece sensación de “articulación oxidada”.
Esto explica por qué muchas personas notan más dolor al levantarse por la mañana o tras estar un rato en reposo.
El sistema nervioso también influye
No todo es mecánico. El sistema nervioso juega un papel clave en la percepción del dolor.
Con el frío:
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Aumenta la sensibilidad de los receptores del dolor.
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Se reduce el umbral de activación.
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El cuerpo interpreta estímulos normales como más molestos.
Esto es especialmente frecuente en personas con dolor crónico, lesiones mal recuperadas o procesos inflamatorios previos.
¿Qué tipo de lesiones lo notan más?
Aunque puede afectar a cualquier zona, hay algunas lesiones que suelen empeorar con el frío:
Lesiones articulares
Artrosis, lesiones de cartílago, antiguas fracturas o esguinces mal cicatrizados suelen manifestarse con más rigidez y dolor en invierno.
Tendinopatías
Los tendones necesitan buena vascularización para mantenerse elásticos. Con el frío, esa capacidad disminuye y pueden aparecer molestias al iniciar el movimiento.
Lesiones musculares cicatrizadas
Las cicatrices internas pierden elasticidad. El frío hace que ese tejido cicatricial se vuelva más rígido y menos adaptable.
Dolor cervical y lumbar
La musculatura paravertebral y cervical suele responder al frío con aumento de tensión, especialmente en personas sedentarias o con estrés.
¿Significa que la lesión ha empeorado?
No necesariamente. En la mayoría de los casos, el dolor con el frío no indica un daño nuevo, sino una respuesta del cuerpo a un entorno menos favorable.
Eso sí, si el dolor:
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Es cada vez más intenso.
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Aparece inflamación importante.
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Limita mucho el movimiento.
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No mejora con el paso de los días.
Conviene realizar una valoración para descartar otros factores.
Movimiento, el gran aliado contra el frío
Aunque pueda parecer contradictorio, moverse es una de las mejores formas de combatir el dolor asociado al frío.
El movimiento:
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Aumenta el riego sanguíneo.
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Mejora la lubricación articular.
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Reduce la rigidez muscular.
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Disminuye la percepción de dolor.
Por eso, el reposo prolongado suele empeorar los síntomas, especialmente en invierno.
Cómo puede ayudarte la fisioterapia
La fisioterapia no solo trata el dolor, sino que mejora la capacidad del cuerpo para adaptarse al frío y a los cambios estacionales.
Un tratamiento bien enfocado puede incluir:
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Terapia manual para mejorar la movilidad.
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Técnicas de calor profundo como diatermia.
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Ejercicio terapéutico adaptado a la época del año.
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Trabajo de flexibilidad y control motor.
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Educación para el autocuidado en invierno.
Además, herramientas como la ecografía permiten valorar el estado real de los tejidos y ajustar el tratamiento con mayor precisión.
Consejos prácticos para el día a día
Para reducir las molestias relacionadas con el frío:
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Mantén las zonas sensibles abrigadas.
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Evita largos periodos de inmovilidad.
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Realiza movimientos suaves antes de actividad intensa.
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Incorpora ejercicio regular.
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Presta atención a la postura, especialmente en casa.
Pequeños cambios pueden marcar una gran diferencia.
Escuchar al cuerpo también es cuidarse
Que una lesión duela más con el frío no es algo extraño ni alarmante, pero tampoco debe ignorarse. Es una señal de que esa zona necesita atención, movimiento y, en algunos casos, tratamiento específico.
La buena noticia es que con un abordaje adecuado, estas molestias se pueden reducir considerablemente, incluso en lesiones antiguas.
Si notas que el frío despierta dolores que creías superados, una valoración a tiempo puede ayudarte a pasar el invierno con más movimiento y menos dolor.