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Tu cuerpo te está diciendo que algo no va bien cuando el dolor aparece cada vez antes

Hay una diferencia importante entre tener una molestia puntual y empezar a notar que el dolor aparece cada vez antes.

Quizás antes terminabas de entrenar y notabas cierta sobrecarga que desaparecía al descansar. Después empezó a aparecer durante el entrenamiento. Y ahora, cuando llevas apenas unos minutos, ya notas que algo molesta.

Puede ocurrir con la espalda, las rodillas, el hombro, el tobillo, el pie o prácticamente cualquier zona del cuerpo.

Y aunque tendemos a pensar que es simplemente cuestión de edad, cansancio o falta de entrenamiento, ese cambio en el comportamiento del dolor es algo que merece nuestra atención.

No significa necesariamente que exista una lesión importante. Pero sí puede ser una señal de que la capacidad de nuestro cuerpo para tolerar esa actividad ha cambiado.

“Antes podía hacerlo y ahora me duele enseguida”

Imaginemos a una persona que sale a caminar habitualmente.

Durante meses ha podido caminar durante una hora sin problemas. Un día empieza a notar una pequeña molestia en la rodilla después de 45 minutos. No le da demasiada importancia.

Unas semanas después, la molestia aparece a los 30 minutos.

Más adelante, a los 15.

Y finalmente empieza a notar dolor prácticamente desde que comienza a caminar.

Es fácil pensar, “cada vez estoy peor”.

Pero el cuerpo no funciona necesariamente de una manera tan sencilla.

El dolor puede estar relacionado con diferentes factores, un aumento de carga, pérdida de fuerza, cambios en la movilidad, una lesión que no terminó de recuperarse, falta de descanso o incluso una actividad que estamos realizando de una forma diferente a como lo hacíamos antes.

Por eso, más que intentar aguantar hasta que desaparezca, conviene preguntarse por qué ha cambiado la respuesta de nuestro cuerpo.

¿Por qué puede aparecer el dolor cada vez antes?

Una de las posibilidades es que estemos sometiendo a una estructura a una carga que actualmente supera su capacidad de tolerancia.

Esto puede ocurrir aunque la actividad sea algo que llevamos haciendo durante mucho tiempo.

Por ejemplo, podemos estar corriendo la misma distancia de siempre, pero haber cambiado nuestro volumen de entrenamiento, nuestro descanso, nuestro calzado o incluso nuestra fuerza.

También puede suceder después de una lesión.

Una persona puede volver a hacer vida normal porque ya no siente dolor, pero todavía no haber recuperado completamente la fuerza, movilidad o capacidad para soportar determinadas cargas.

Una sobrecarga que se va acumulando

No todas las molestias aparecen después de un movimiento brusco.

A veces se producen poco a poco.

Entrenamos, trabajamos, caminamos o repetimos determinados movimientos diariamente y el cuerpo va acumulando carga.

Cuando existe un buen equilibrio entre carga y recuperación, el organismo puede adaptarse.

Pero si la exigencia aumenta o nuestra capacidad de recuperación disminuye, puede aparecer dolor.

Y una de las señales puede ser precisamente que necesitemos cada vez menos actividad para empezar a sentir molestias.

¿Significa que la lesión está empeorando?

No necesariamente.

Esta es una de las ideas más importantes.

Que el dolor aparezca antes no permite saber por sí solo qué está ocurriendo en el tejido.

El dolor es una experiencia compleja y puede estar influido por diferentes factores. Por eso, no deberíamos interpretar automáticamente que «si me duele antes, tengo una lesión más grave».

Lo que sí nos indica es que algo ha cambiado y merece la pena analizarlo.

¿Qué actividad desencadena el dolor?

¿Desde cuándo ocurre?

¿Ha aumentado recientemente la carga?

¿Hay algún movimiento que lo empeore?

¿Existe rigidez?

¿Has perdido fuerza?

¿Has tenido una lesión anteriormente?

Todas estas preguntas ayudan a entender el problema.

El error de esperar hasta que el dolor sea insoportable

Uno de los comportamientos más habituales es esperar.

Primero pensamos que desaparecerá solo.

Después intentamos cambiar ligeramente nuestra forma de hacer las cosas.

Más adelante reducimos la actividad.

Y finalmente acudimos a consulta cuando el dolor ya nos impide hacer algo que forma parte de nuestra vida cotidiana.

Pero no siempre es necesario esperar tanto.

Si una molestia empieza a aparecer antes, se repite con frecuencia o comienza a limitar progresivamente una actividad, puede ser un buen momento para valorar qué está ocurriendo.

No se trata de alarmarse ante cualquier pequeño dolor, sino de prestar atención a los cambios que se mantienen en el tiempo.

¿Y si el dolor desaparece cuando dejo de moverme?

Este es otro punto importante.

Es posible que una persona deje de correr, de entrenar o de caminar largas distancias y el dolor desaparezca.

Podría pensar:

«Ya estoy bien.»

Pero al volver a realizar la actividad, vuelve a aparecer.

Esto puede indicar que el problema no está necesariamente en realizar la actividad en sí, sino en que la carga actual supera la capacidad que tiene el cuerpo para tolerarla en ese momento.

Aquí entra un concepto fundamental en fisioterapia, la progresión de cargas.

En lugar de pasar de no hacer nada a realizar una actividad intensa, se puede trabajar progresivamente para que el cuerpo vuelva a tolerarla.

¿Cómo puede ayudarte la fisioterapia?

Cuando una persona consulta porque el dolor aparece cada vez antes, el objetivo no debería ser únicamente localizar dónde duele.

En Merchán Fisioterapia & Podología, la valoración permite analizar diferentes aspectos que pueden estar relacionados con el problema.

Se puede valorar la movilidad, la fuerza, el control del movimiento, la tolerancia a determinadas cargas y la forma en la que realizamos la actividad que provoca las molestias.

A partir de ahí, el tratamiento puede incluir ejercicio terapéutico, trabajo de movilidad, fortalecimiento y progresión de cargas, además de otras técnicas de fisioterapia cuando estén indicadas.

Por ejemplo, si una persona tiene dolor de rodilla al caminar, no necesariamente hay que centrarse exclusivamente en la rodilla. Puede ser interesante valorar también la movilidad del tobillo, la fuerza de la cadera, el control de la pierna y la forma en la que distribuye las cargas.

El tratamiento se adapta a cada persona y a la causa o factores que estén contribuyendo a sus síntomas.

Escuchar el cuerpo no significa tener miedo al dolor

Prestar atención a una molestia no significa dejar de hacer ejercicio o evitar cualquier actividad que pueda producir una pequeña sensación incómoda.

Al contrario.

El objetivo es aprender a diferenciar entre una molestia puntual y un patrón que se repite y va cambiando.

Si antes podías caminar una hora y ahora el dolor aparece a los 20 minutos, algo merece ser revisado.

Si antes podías entrenar tres días por semana y ahora una sesión te deja molestias durante varios días, también.

Y si una lesión que parecía controlada vuelve a aparecer cada vez que realizas determinada actividad, puede ser el momento de valorar qué está pasando.

¿Cuándo deberías consultar?

Es recomendable realizar una valoración si el dolor:

  • Aparece cada vez antes durante una actividad.
  • Aumenta progresivamente.
  • Se repite siempre después de realizar el mismo ejercicio.
  • Empieza a limitar actividades cotidianas.
  • Modifica tu forma de caminar o moverte.
  • Persiste a pesar de reducir la actividad.
  • Aparece acompañado de pérdida de fuerza, inflamación importante o sensación de inestabilidad.

Y, por supuesto, ante un dolor intenso o repentino después de un traumatismo, conviene realizar una valoración médica.

Tu cuerpo no siempre grita, a veces empieza susurrando

El cuerpo no siempre avisa con un dolor intenso.

A veces comienza con una pequeña molestia al final de una actividad. Después aparece un poco antes. Y, sin darnos cuenta, terminamos adaptando nuestra vida para evitar aquello que nos provoca dolor.

Por eso, cuando notes que el dolor aparece cada vez antes, no tienes por qué pensar automáticamente que tienes una lesión grave.

Pero tampoco tienes por qué acostumbrarte a él.

Escuchar esa señal, entender qué ha cambiado y trabajar para recuperar progresivamente la capacidad de movimiento puede ayudarte a evitar que una pequeña molestia termine condicionando tu día a día.

En Merchán Fisioterapia & Podología podemos valorar tu caso, identificar qué factores pueden estar influyendo y plantear un tratamiento adaptado a tus necesidades.

Porque escuchar a tu cuerpo no significa dejar de moverte. Significa aprender a moverte mejor.

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